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Zigbee o WiFi para domótica: cuál aguanta mejor tu casa

El fallo típico no aparece con el primer dispositivo, sino con el duodécimo. Montas un interruptor WiFi, funciona de maravilla, compras tres más, siguen funcionando, y el día que llegas a doce empiezan las desconexiones aleatorias, el móvil tarda ocho segundos en encender el salón y el router de la operadora se reinicia solo los domingos. Ese es el momento en que la gente descubre que la elección de protocolo no era un detalle.

WiFi y Zigbee resuelven el mismo problema —llevar una orden desde tu móvil hasta un relé— con arquitecturas opuestas. WiFi conecta cada aparato directamente al router. Zigbee crea una red propia, en malla, gobernada por un coordinador. Todo lo demás se deriva de ahí.

CriterioWiFiZigbee
TopologíaEstrella: todo contra el routerMalla: los dispositivos con alimentación repiten la señal
Hardware extraNingunoCoordinador (llave USB o pasarela)
Consumo en reposo0,3-0,8 W por dispositivoDécimas de vatio; los de pila duran meses o años
Clientes razonablesDocenas antes de saturar un router domésticoCientos por red, sin tocar el router
Banda2,4 GHz (nunca 5 GHz en estos aparatos)2,4 GHz, con canales propios seleccionables

La carga sobre el router es el problema real

Un router de operador español típico gestiona sin despeinarse veinte o treinta clientes. El problema no es el ancho de banda —un interruptor mueve unos pocos bytes al día— sino la tabla de clientes asociados, el reparto del tiempo de aire en 2,4 GHz y el consumo de memoria por cada conexión mantenida. Cada interruptor WiFi ocupa una IP, mantiene una sesión permanente contra la nube del fabricante y compite por el mismo aire que tu portátil, la tele y el móvil de todo el que entra por la puerta.

Con Zigbee, el router ve un solo cliente: la pasarela. Da igual que detrás haya diez dispositivos o ciento veinte. Toda la conversación entre bombillas, sensores y relés ocurre en una red paralela que no pasa por el router en ningún momento. Para una casa con cinco o seis puntos domotizados esto es irrelevante; para una casa con veinticinco, cambia el resultado por completo.

Consumo en reposo: lo que nadie mira antes de comprar

Un módulo WiFi no puede dormirse de verdad: si se apaga, deja de estar accesible. Por eso los interruptores WiFi consumen entre 0,3 y 0,8 W las veinticuatro horas, unos 3-7 kWh al año cada uno. Veinte dispositivos son en torno a 100 kWh anuales solo por estar encendidos y esperando. No arruina a nadie, pero resulta paradójico cuando el objetivo declarado era ahorrar luz con domótica.

Zigbee se diseñó desde el principio para gastar poco. Los dispositivos alimentados a 230 V consumen décimas de vatio, y los de pila —sensores de puerta, mandos, detectores— pasan meses o años con una CR2032 o una pila AA porque duermen la mayor parte del tiempo y solo despiertan para transmitir unos milisegundos. Un sensor de movimiento WiFi a pilas es un producto que existe pero que casi nunca convence: acaba durando semanas.

Malla y repetidores: por qué Zigbee llega al trastero

En WiFi, cada dispositivo debe tener cobertura directa del router o de un repetidor. Si el cuadro está en el pasillo y el garaje queda dos paredes más allá, ese punto no se conecta y punto. En Zigbee, todo dispositivo alimentado por red —un interruptor, un enchufe, una bombilla— actúa además como repetidor. Cada mecanismo nuevo que instalas no solo añade una función: refuerza la red para los siguientes.

Ese efecto es acumulativo y explica por qué las instalaciones Zigbee grandes suelen ser más estables que las pequeñas. También explica su punto débil: si tu única red Zigbee la forman tres sensores a pila y un coordinador, no hay malla, no hay repetidores y el alcance es peor que el de un router decente. Zigbee empieza a brillar cuando hay masa crítica de dispositivos alimentados.

Para empezar en Zigbee necesitas un coordinador. Esta búsqueda reúne llaves USB y pasarelas compatibles con Home Assistant, Zigbee2MQTT y las principales apps.

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Latencia y sensación de instantaneidad

Aquí las intuiciones fallan. Un interruptor WiFi que responde a un comando de voz recorre un camino largo: móvil o altavoz → servidor de Amazon o Google → servidor del fabricante → tu router → el dispositivo. Cada salto suma. Un segundo o segundo y medio es lo habitual, y con mala conexión se va a tres. Zigbee, gobernado por un coordinador local, resuelve la orden dentro de casa: el relé chasquea prácticamente al instante, en el entorno de los cien o doscientos milisegundos.

La matización honesta: un dispositivo WiFi con control local, como los Shelly configurados contra un servidor propio, es igual de rápido que Zigbee. La latencia mala no es culpa del WiFi, es culpa de la nube. Lo desarrollamos comparando Shelly frente a Sonoff, que son justo los dos modelos de negocio enfrentados.

El coordinador: la pieza que hay que comprar y que puede fallar

Zigbee no funciona sin un coordinador. Puede ser una llave USB pinchada en un miniordenador con Home Assistant, o una pasarela comercial de la propia marca de tus bombillas. Es hardware extra, coste extra y, sobre todo, un punto único de fallo: si se estropea el coordinador, se cae la domótica entera. Con WiFi ese punto único es el router, que también existe, pero que ya tenías y que se sustituye en veinte minutos.

Además, cambiar de coordinador obliga a reemparejar los dispositivos si no restauras la copia de seguridad de las claves de red, y reemparejar veinte interruptores empotrados en la pared implica subirse a la escalera veinte veces. Merece la pena elegir bien de entrada y guardar la copia de seguridad.

Interferencias: los dos comparten los 2,4 GHz

Zigbee no escapa del ruido: trabaja en la misma banda de 2,4 GHz que tu WiFi, el Bluetooth y el microondas. Sus canales se numeran del 11 al 26 y se solapan con los canales WiFi clásicos. La combinación que menos problemas da es dejar el WiFi en el canal 1 y Zigbee en el 25 o el 26, o el WiFi en el 11 y Zigbee en el 15. Si tienes la red Zigbee justo encima del canal WiFi que emite tu router a plena potencia, tendrás caídas raras que parecerán defectos de los dispositivos.

Esta es una de las razones por las que Z-Wave, que trabaja en 868 MHz en Europa, sigue teniendo defensores. Lo comparamos en detalle en Zigbee frente a Z-Wave.

Qué pasa si se cae internet

Con WiFi de nube: el botón físico sigue funcionando siempre, porque es un mecanismo eléctrico, pero pierdes el control desde el móvil y los comandos de voz. Las automatizaciones programadas en el servidor del fabricante también dejan de dispararse.

Con Zigbee y coordinador local: todo sigue vivo. Las automatizaciones se ejecutan en tu casa, los sensores siguen disparando escenas y el móvil controla desde la red interna. Solo pierdes el acceso desde fuera y la voz, si el asistente pasa por la nube. Es el argumento más sólido a favor de Zigbee para instalaciones donde la calefacción o el riego dependen de una automatización.

Mecanismos e interruptores Zigbee compatibles con las pasarelas más habituales, para sustituir directamente el interruptor de pared.

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Elige WiFi si…

Elige Zigbee si…

Veredicto

No hay un ganador general, hay un umbral. Por debajo de ocho o diez dispositivos, WiFi es la respuesta sensata: cero infraestructura, cero mantenimiento y ningún inconveniente que se note. Por encima de quince, Zigbee gana con claridad en estabilidad, consumo, alcance y latencia, y el coste del coordinador se diluye entre tantos puntos.

La configuración que mejor funciona en la práctica no es una ni otra, sino la mezcla: Zigbee para el grueso de la casa —luces, sensores, mandos— y WiFi para los pocos aparatos que mueven datos de verdad o que están fuera del alcance de la malla, como una cámara o un enchufe en el garaje. Si estás empezando de cero y ya sabes que vas a acabar con veinte cosas conectadas, compra el coordinador desde el primer día y ahórrate el reemplazo.

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